Prevención de los trastorno lectoescritores
La prevención de las dificultades lectoescritoras se apoya en dos pilares fundamentales: la memoria auditiva y el desarrollo de las habilidades metalingüísticas. Estas últimas hacen referencia a la capacidad de reflexionar sobre el propio lenguaje, analizarlo, segmentarlo, reorganizarlo y, a partir de ello, generar nuevas producciones lingüísticas. Dichas competencias emergen en edades tempranas, pudiendo estimularse a partir de los 3-4-5 años mediante actividades lúdicas y estructuradas.
Dentro de las habilidades metalingüísticas se distinguen tres grandes capacidades:
Conciencia léxica
Iniciándose desde los 3 años. Comprensión de que las palabras son unidades independientes dentro del discurso.
Actividades: contar palabras, formar compuestos, clasificar frases, ampliar progresivamente enunciados.
Conciencia silábica
Iniciándose desde los 4 años. Reconocimiento de que las palabras pueden dividirse en sílabas o “golpes de voz”.
Actividades: contar sílabas, ordenarlas para formar palabras, juegos de encadenamiento, asociación de imágenes por sílaba inicial.
Conciencia fonológica
Iniciándose desde los 5 años. Identificación y manipulación de los fonemas, unidad mínima del lenguaje. Actividades: rimas, detección de sonidos iniciales, sustitución de fonemas, trabajo con diptongos.
El entrenamiento y trabajo de estas competencias, siempre en contextos lúdicos, de juego y cooperativos, proporciona una base sólida para el aprendizaje de la lectura y la escritura, reduciendo de manera significativa la probabilidad de aparición de trastornos lectoescritores posteriores.
